Cuando el cine y la literatura se encuentran: Extremadura y “Los santos inocentes”

Las adaptaciones literarias al celuloide son algo casi tan antiguo como el propio origen del séptimo arte. “Viaje a la luna” de George Méliès (1902) fue escrita por su hermano, pero está inspirada en varias historias como “De la Tierra a la Luna” de Julio Verne y  “Los primeros hombres en la Luna” de H.G. Wells. Sin remontarnos tan lejos en el tiempo, en España también hemos tenido excelentes adaptaciones cinematográficas de libros. Por eso en esta ocasión viajamos a los años 80 de la mano de una auténtica joya de la literatura y el cine: “Los santos inocentes” (1984). Esta película fue una de las más taquilleras del año en España, permaneció en cartel casi año y medio e hizo a dos de sus protagonistas merecedores del premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Cannes: Alfredo Landa y Paco Rabal.

Extremadura fue el escenario que acogió el rodaje de esta película de Mario Camus basada en la novela de Miguel Delibes del mismo título. El escritor había concebido la obra con la intención de mostrar las condiciones de vida a las que se veían sometidos los trabajadores de los latifundios fronterizos con Portugal a mediados del siglo XX y la película no se quedó corta a la hora de reflejar esa realidad.

Aunque el rodaje se desarrolló principalmente en una finca situada a las afueras de Alburquerque (el de Badajoz, no el de “Breaking Bad”)  tanto el equipo técnico como los actores se hospedaron en Mérida y Zafra. El reparto lo componían enormes actores y actrices de nuestro cine como los anteriormente citados Alfredo Landa y Paco Rabal, junto a una espléndida Terele Pávez y un jovencísimo Juan Diego. 

Todos los caminos llevan a Mérida

Comenzamos nuestra ruta en la actual capital extremeña, ciudad que fue el hogar del equipo de “Los Santos Inocentes”. Además de su increíble conjunto arqueológico romano, uno de los más importantes que se conservan en Europa, Mérida preserva el legado de visigodos, árabes y reconquistadores. Si puedes hacer coincidir tu visita con el Festival Internacional de Teatro Clásico, disfrutarás de una experiencia memorable al poder ver grandes obras del teatro griego y romano en uno de los pocos anfiteatros romanos que se conservan.

El anfiteatro romano durante una representación / Extremadura Film Commission

Otra cita a recordar es la celebración de Emérita Lúdica, un programa de actividades que permite conocer cómo era la vida en la ciudad en tiempos de los romanos: desfiles de legiones, luchas de gladiadores y hasta una ruta de tapas basadas en las recetas del Libro de Apicio. Una auténtica inmersión histórica para toda la familia, que te recordará a las mejores películas de romanos.

Pero Mérida tiene mucho que ofrecer todo el año. Echa un vistazo aquí y elige tu aventura.

Zafra, una villa con encanto e historia

En poco más de media hora llegarás desde Mérida a Zafra, la segunda de las referencias relacionadas con “Los santos inocentes”. Esta hoy apacible y coqueta villa, ha sido testigo de muchos de los grandes devenires de la historia de España, especialmente en la época de la reconquista. De aquellos tiempos turbulentos conserva un patrimonio que incluye vestigios pre-romanos, romanos, árabes y medievales. Como buena ciudad gremial, siempre ha sido un foco comercial, especialmente activo durante la época del descubrimiento de América. 

Puedes comenzar tu paseo por la Plaza Grande, porticada y rodeada de edificios del siglo XV, que se une a la Plaza Chica por el Arquillo del Pan y un pequeño retablo de la Virgen de la Esperancita. Cerca encontrarás la Casa del Ajimez y el Monasterio de la Encarnación (s. XVI), desde donde llegarás a la Iglesia de la Candelaria. Especial interés tiene el alcázar de los duques de Feria, hoy Parador. Pedazo de fortaleza y residencia palaciega en el que te podrás sentir como un señor feudal. Para las compras y el tapeo, hay que pasar por la calle Sevilla; y si tienes tiempo y te apetece ver naturaleza, sube a la sierra de El Castellar por el “camino colorao”; tiene pinturas rupestres, y los restos de un asentamiento islámico entre otras sorpresas.

Arquillo del Pan en Zafra / Extremadura Film Commission

Alburquerque, anécdotas de rodaje y buena mesa

Alburquerque es la tercera parada que te proponemos en esta ruta. A media hora de Badajoz, esta localidad está en medio de la Sierra de San Pedro, lugar de dehesas y pastos (y de jamón ibérico, por supuesto). Repleta de arquitectura e historia, inevitable en esta región, ofrece algunas de las especialidades culinarias más curiosas que se pueden degustar en Extremadura. A saber: “patatas aborregás” -refritas con ajo, pimentón y pimiento choricero- y “maríos”, un preparado horneado con chicharrones y aguardiente. Estos platos vienen directamente de la tradición de los pastores de la zona y, seguramente, también los degustaron los protagonistas de “Los santos inocentes”. 

El rodaje de “Los santos inocentes” fue un hito para la región. Como nos cuenta Flora Picón, responsable de Extremadura Film Commission, un equipo de ese calibre con estrellas de la pantalla de la época, no pasó desapercibido. 

Una de las anécdotas más comentadas es que el escritor Miguel Delibes sólo visitó una vez el rodaje y con una condición: no comería con los actores sino con los personajes. Así, en lugar de compartir mesa con Alfredo Landa y Paco Rabal, comió con Paco “El Bajo” y Azarías.

Según parece, la presencia del equipo de la película revolucionó el día a día de los habitantes de Alburquerque. Especialmente recordada es la figura de Rabal, que se involucró mucho en la vida del pueblo, pasando largas horas con un hombre apodado Barrunta. Su amistad perduró en el tiempo y cuando el actor leyó el pregón de las fiestas reconoció su inspiración en él para crear a Azarías. Por su parte, este humilde alburquerqueño confesó que “Los santos inocentes” fue la única película que vio en su vida.

Alburquerque con el castillo de Luna al fondo / Extremadura Film Commission

Al margen de los recuerdos ligados al rodaje, este destino merece una visita en cualquier momento del año, pero hay uno especialmente interesante. Bajo el famoso castillo de Luna, uno de sus imprescindibles, se celebra todos los veranos su Festival Medieval. Representaciones teatrales, espectáculos de danza, torneos, autos de fe, aquelarres… y un pueblo volcado en la recreación medieval de sus calles y plazas son suficiente atractivo como para desafiar a las temperaturas de esa época. 

La “excusa” para celebrar este evento es un episodio concreto de la historia medieval. Beltrán de la Cueva, el noble al que se le atribuyó la paternidad de Juana “la Beltraneja” (rival de Isabel la Católica al trono de Castilla), fue el primer duque de Alburquerque. La entrega de las llaves de la villa que recuerda este hecho es el pistoletazo de salida para un programa que incluye visitas guiadas al castillo y al barrio medieval, recreaciones de una boda sefardí o de una fiesta mudéjar; escuela de caballeros; espectáculos de saltimbanquis… 

Con esta ruta de cine y literatura por la provincia de Badajoz, te hemos mostrado un destino lleno de posibilidades para plasmar cualquier ficción audiovisual. Gracias a ello, Extremadura Film Commission sigue atrayendo rodajes año tras año, así que si quieres ser el protagonista de una experiencia inolvidable, piensa en tierras extremeñas y ¡vuela, Milana bonita!

Por María Parcero

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